En la vida, hay momentos para agradecer y otros para soltar un buen grito o derramar unas cuantas lágrimas.

Ver los dos lados de la moneda es una práctica que puse en marcha cuando entré en el «mundo adulto».

Aprendí que aferrarse demasiado a ideas o elecciones puede volverse agotador, porque el mundo es impredecible y muchas veces se burla de nuestros planes. A veces, realmente pienso que alguien ha escrito un guión para nosotros. “No puede ser” y si, es posible. De hecho, hay una frase que repetimos bastante en mi casa: «Juegan con Nosotros», y una amiga mía dice: «Conmigo directamente juegan al baloncesto». Ambas nos reímos de nuestras “desdichas” y de esos momentos de la vida en los que pensas que lo que te sucede realmente tiene que ser una broma.

Debo confesar que no soy fanática de la frase tan común hoy en día: «que fluya». Una parte de mi ansiedad anticipatoria entra en pánico cuando alguien pronuncia esas dos palabras. Tampoco se trata de ponerse una máscara y hacer como si «todo estuviera bien». Pero he aprendido a encontrarle el gustito al «factor sorpresa», a aceptarlo e intentar adaptarme a ese resultado. También, tomarlo hasta con un poquito de humor. Después de todo, ¿no sería realmente agotador si todas las decisiones dependieran 100% de nosotros? 

Y de a poco, comencé esta práctica de poder visualizar qué podría ganar si algo sucede o no. Y como les decía antes, poder ver las dos caras de la misma moneda… de a poquito dejar entrar esta palabra “ACEPTACIÓN”.

El tema es que hay veces en las que las emociones irrumpen y son muy intensas (y también muy categóricas). Hay ocasiones en las que la respuesta es un rotundo «NO QUERÍA ESTO», y eso está bien. Puede suceder que necesitemos cortar las malas hierbas del jardín y también puede aparecer cierta nostalgia porque, de alguna manera, nos habíamos encariñado con ellas. 

Cuando aparezcan esas lágrimas, ese enojo, esa frustración estate atenta porque tal vez es un momento de poner límites. Y aunque hagamos un esfuerzo en ver la crisis como ganancia y agradecer lo que tenemos, una buena “lloradita y a seguir” también es necesaria.

 

Autora: Belén Carriquiri

Fotografía: Kristine javashvili