Si a lo largo de tu vida te tocó atravesar alguna situación para la que, en realidad, todavía no estabas preparado, es posible que hayas desarrollado una sobreadaptación.

Lo más probable es que en ese momento no hayas sido consciente de que te estabas sobreadaptando. Y es lógico: muchas veces no había demasiadas alternativas. Los niños o adolescentes sobreadaptados suelen quedar atrapados, de forma pasiva, en medio de una crisis que generalmente ocurre dentro del ámbito familiar.

Esa crisis puede tomar muchas formas: la muerte de un ser querido cercano, una separación, la enfermedad física o mental de alguno de los padres, una mudanza abrupta, dificultades económicas o conflictos en la pareja parental.

Por algún motivo externo, te toca vivir experiencias que poco tienen que ver con la etapa evolutiva que estás atravesando. Y es ahí cuando aparece la sensación de tener que “crecer de golpe”. Sin darte cuenta, empezás a asumir responsabilidades que todavía te quedan grandes. Y en ese proceso, comienza la sobreadaptación: dar más de lo que tu psiquismo o tu madurez emocional están en condiciones de sostener.

Muchas de estas personas, cuando llegan a la adultez, tienden a ocupar lo que podríamos llamar el rol “Superman”. Sin advertirlo del todo, sienten que deben ponerse la capa y salir a rescatar al mundo de sus adversidades.

Son quienes suelen tapar los huecos, sostener las tensiones familiares, mediar en conflictos y convertirse en los hombros sobre los que los demás se apoyan. Personas que viven con la sensación constante de estar disponibles para todos y de dar, muchas veces, más de lo que reciben.

Y lo cierto es que, en algún momento de su historia, eso fue necesario. Probablemente tuvieron que dejar de lado preocupaciones propias de su edad para sumergirse demasiado pronto en el “mundo de los grandes”. Esa experiencia deja huellas e influye en la forma en que más adelante se relacionan con los demás y con sus propias responsabilidades.

Este “síndrome de Superman” está ligado a la presión, muchas veces inconsciente, de tener que “salvar al mundo”. O, al menos, de intentar que el propio mundo esté siempre en orden. Vivir en alerta, sentirse responsable del bienestar de quienes nos rodean y creer que, si uno no interviene, todo puede desmoronarse.

Desaprender ese rol no es sencillo. Implica revisar patrones muy antiguos y, sobre todo, aprender algo que muchas veces resultó ajeno durante años: poner límites.

Con el tiempo uno descubre una verdad muy poderosa: cada persona es, en gran medida, artífice de su propio bienestar. Nadie puede vivir las batallas de los demás.

Las personas que aprendieron a sobrevivir siendo “Superman” tienen ahora otro desafío: soltar la omnipotencia que, sin darse cuenta, cargaron durante tanto tiempo.

Algunas pequeñas prácticas pueden ayudar a empezar a correrse del rol de “Superman”:

  • Registrar el impulso de resolver: antes de intervenir, preguntarte si realmente te corresponde hacerlo.
  • Practicar límites graduales: no hace falta hacerlo de forma brusca; a veces alcanza con empezar a decir “hoy no puedo”.
  • Diferenciar acompañar de hacerse cargo: estar para alguien no significa resolver su vida.
  • Recordar que cada persona tiene sus propios recursos para atravesar sus dificultades.

Y por último, “soltar la capa” no significa que ya no te importen las personas a tu alrededor. Es intentar romper viejos patrones que puede que hoy no te sean funcionales. 

Autora: Belén Carriquiri

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